Nora había dejado sobre la mesa todo lo necesario para la entrada al cole: una mochilita, una botella de agua, una muda y la etiqueta con el nombre de Iris, su hija de tres años y medio.

Entonces vio el chupete.

Desde hacía un tiempo, Nora intentaba limitar su uso poco a poco. Ya no lo llevaba mucho durante el día; lo usaba sobre todo para dormir o cuando Iris estaba muy cansada. Y, de pronto, empezar el cole le pareció la fecha perfecta para dejarlo.

Cole nuevo, etapa nueva, nada de chupete.

Tenía lógica. Casi demasiada.

Porque, mientras veía a Iris dormirse aquella noche, Nora recordó todo lo que iba a cambiar al día siguiente: un aula nueva, adultos nuevos, muchos niños, comer fuera de casa y dormir la siesta en una cama desconocida.

Quizá el primer día de cole no tenía que ser también el día en que desapareciera el chupete.

Empezar el cole no significa tener que dejarlo todo

Cuando un niño empieza infantil con el chupete todavía muy presente, es fácil pensar que habría que resolverlo antes del primer día.

Como si el cole trazara una línea clara entre ser «pequeño» y ser «mayor».

Pero también se puede dejar el chupete en algunos momentos antes de dejarlo por completo.

Las normas varían de un centro a otro, así que Nora empezó preguntando cómo funcionaba en el de Iris. Le explicaron que el chupete podía quedarse en la mochila durante el día y volver a salir a la hora de la siesta.

Al final, se parecía bastante a lo que ya hacían en casa.

Iris no tenía que elegir entre llevar el chupete a todas partes o quedarse sin él de golpe. Podía ir descubriendo que podía tenerlo disponible en algunos momentos sin que la acompañara en todas las actividades.

Y Nora ya no tenía que convertir la entrada al cole en otro plazo límite.

Ir reduciendo su uso en vez de fijar una fecha límite

Eso no quiere decir que haya que conservar el chupete para siempre. Pero si el objetivo es que vaya ocupando menos espacio, a veces basta con observar en qué momentos lo necesita de verdad.

En el caso de Iris, era sobre todo para dormir.

Así que Nora dejó de hablar de «quitar el chupete» y empezó a hablar de dónde la esperaría.

«El chupete se queda en su bolsita durante el día. Lo tendrás para la siesta.»

«Puedes ir al cole y seguir necesitando el chupete para dormir.»

El primer día, Iris pidió su chupete antes de salir. Nora le enseñó la bolsita que llevaba en la mochila. Iris comprobó que estaba allí y cerró la cremallera.

No lo necesitaba en ese momento. Sobre todo, necesitaba saber que no había desaparecido.

El primer día ya traía bastantes novedades.

El chupete podía esperar su turno.