¿Cómo salir de una lucha de poder con un niño pequeño? A veces explicar una vez más la regla no cambia nada. Pero decir cómo nos sentimos puede transformar la situación.

Nos alojábamos en una casa antigua con una ventana del baño muy baja, en un primer piso. Gabriel podía abrirla fácilmente y esa ventana me aterrorizaba. Tenía miedo de que se inclinara y cayera.

Él la abría, yo la cerraba, le explicaba que era peligroso y volvía a abrirla. Repetí varias veces que no debía tocarla, sin ningún resultado.

Así que probé otra cosa.

«No abras la ventana, es peligroso.»

En vez de eso, le dije:

Una frase para probar«Mamá tiene miedo cuando abres esta ventana porque teme que te hagas daño.»

Me miró y después cerró la ventana él mismo, despacio. Y no volvió a abrirla.

Cuando la lucha de poder aparece aunque la regla esté clara

No había encontrado una explicación mejor del peligro ni inventado una nueva consecuencia. Simplemente dejé, por un momento, de hablarle de lo que debía hacer y le hablé de lo que yo sentía.

Y algo cambió.

La situación ya no era solamente:

«Mamá no me deja abrir esta ventana.»

Se había convertido en:

«Cuando hago esto, mamá tiene miedo.»

Ese día, mis explicaciones sobre el peligro no parecían decirle gran cosa. Mi emoción sí.

Decir lo que sentimos no hace al niño responsable de nuestras emociones

No se trata de cargar a nuestros hijos con lo que sentimos ni de hacerles pensar que deben obedecer para que nosotros estemos bien. El límite seguía siendo exactamente el mismo: esa ventana no podía abrirse. Y si hubiera vuelto a intentarlo, simplemente se lo habría impedido.

Pero, en ese momento concreto, decirle cómo me sentía creó conexión justo donde empezábamos a entrar en un pulso.

No funcionará siempre. Pero aquel día el límite no cambió. Al mostrarle lo que me provocaba la situación, simplemente salimos de la lucha.