Malo, mi hijo de casi tres años, me explicó con mucha claridad que estaba enfadado porque yo había guardado la caja de plastilina antes de que terminara su cocodrilo.

La frase era precisa. El cocodrilo, bastante menos.

Le dije que lo entendía y después le pedí que no volviera a coger la caja. Malo me miró, repitió que estaba enfadado y tiró de ella igualmente.

Cuando un niño de tres años habla muy bien pero sigue teniendo rabietas, el contraste puede desconcertar. Sus palabras a veces hacen pensar que ya es capaz de hacer todo lo que sabe explicar.

Saber decirlo todavía no es saber frenar

Con Malo me oía pensar: Pero acabas de decirme exactamente lo que pasa. Entonces lo sabes perfectamente.

Sí sabía nombrar su enfado y explicar la razón. Eso no le daba automáticamente la capacidad de esperar, renunciar o detener un gesto justo cuando subía la frustración.

Creo que su lenguaje a veces hacía que yo lo hiciera mayor en mi cabeza. Como podía mantener una pequeña conversación, le pedía un control que seguía siendo muy joven.

Eso no significa que un niño verbal no entienda ningún límite. Tampoco que haya que dejarlo todo pasar hasta que su cerebro esté “preparado”. El límite puede seguir siendo el mismo. Lo que cambia es lo que espero conseguir con mis explicaciones.

Una explicación larga no fabrica necesariamente más frenos.

Mantener el límite más sencillo que la explicación

Ese día dejé de añadir razones. La plastilina estaba guardada porque teníamos que salir. Malo podía enfadarse, pero yo no iba a dejar que volviera a coger la caja.

También podía ayudarlo de manera concreta y tranquila en vez de pedirle una vez más que “se controlara”.

«Estás enfadado porque tu cocodrilo no está terminado. La caja se queda cerrada ahora.»

«La voy a poner arriba mientras nos ponemos los zapatos. Podrás terminar el cocodrilo después.»

Siguió protestando. No había olvidado mis palabras, y yo no necesitaba concluir que las estaba ignorando a propósito.

Unos minutos después, Malo volvió a hablarme del cocodrilo con la misma precisión del principio.

Las palabras ya estaban ahí. Los frenos todavía tenían un poco de camino por recorrer.