¿Qué Gabriel quieres ser hoy?
Durante mucho tiempo, vestir a Gabriel, mi hijo de tres años y medio, se parecía a una pequeña persecución matinal. Preparaba una muda, lo llamaba y él desaparecía por el pasillo. Lo encontraba y volvía a irse. Cuanto más avanzaba la hora, más ganas tenía de resolverlo deprisa.
Si tu hijo no quiere vestirse por la mañana, quizá conozcas una escena así: una tarea que debería llevar tres minutos, un adulto pendiente del reloj y un niño que de repente tiene opiniones muy firmes sobre sus pantalones.
Una mañana, en vez de preparar un conjunto, saqué tres. Los puse sobre la cama.
Se detuvo.
Miró la ropa con mucha más atención de la que esperaba y eligió un conjunto.
Y se vistió.
El límite no había cambiado
Aquel pequeño cambio me recordó una idea que me gusta mucho de How to Talk So Little Kids Will Listen: cuando se puede, cambiar una lucha de poder por una elección.
No le preguntaba a Gabriel si quería vestirse. Teníamos que salir, así que había que dejar el pijama.
Pero quizá podía dejar de decidir todo lo demás.
¿El conjunto? Él.
Algunas mañanas hago lo mismo con otras cosas pequeñas. Le pregunto si prefiere los pantalones verdes o los azules, o si quiere ponerse los zapatos antes o después del abrigo.
Mantengo lo que tiene que ocurrir. Él recupera una pequeña parte de cómo llegamos hasta allí.
Un poco de control, no una fórmula mágica
Claro que no funciona todas las mañanas.
A veces Gabriel mira los tres conjuntos y dice que no quiere ninguno. Y a veces tengo tanta prisa que no puedo convertir cada paso antes de salir en una elección cuidadosamente preparada.
Pero esta pequeña costumbre me ha ayudado a distinguir algo que olvidaba a menudo: mantener un límite no me obliga a controlar todos los detalles de alrededor.
Cuando de verdad necesito que algo ocurra, a veces puedo preguntarme si hay alguna pequeña decisión que pueda dejarle.
Esa mañana salimos sin persecución.
Al día siguiente, volví a poner tres conjuntos sobre la cama.
Gabriel no consiguió quedarse en pijama. Pero sí pudo elegir sus pantalones.



