A veces una emoción intensa es demasiado grande para caber en una frase.

En esos momentos, en lugar de buscar las palabras adecuadas, podemos ofrecer otra salida: dibujar, garabatear, romper papel, pintar, jugar o moverse.

Los zapatos que se habían quedado pequeños

El otro día, Gabriel quiso ponerse un par de zapatos que le encantan.

Problema: se le habían quedado pequeños.

Y para él no era un problema pequeño.

Podría haberle dicho:

«No pasa nada, compraremos otros.»

Era verdad. Y completamente inútil en ese momento.

Así que le propuse enseñarme lo enfadado que estaba rompiendo papel.

Arrancó un trozo enorme. Luego otro. Y otro más.

Poco a poco, su cuerpo se relajó. Apareció una sonrisa.

La emoción había encontrado un lugar adonde ir.

¿Qué hacer cuando las palabras no bastan?

Recogimos los trozos y los metimos dentro de sus zapatos viejos.

Era completamente absurdo. Y nos hizo reír.

Los zapatos seguían siendo demasiado pequeños. Pero la tormenta había pasado.

Los niños pequeños no siempre pasan por las palabras para gestionar sus emociones. También pasan por el cuerpo, el juego y la creación.

Así que a veces, en vez de volver a preguntar «¿Qué te pasa?», podemos proponer:

«¿Quieres dibujarlo?»
«¿Rompemos papel?»
«Enséñamelo con tus juguetes.»

El pequeño bug que conviene recordar

Nuestro reflejo suele ser querer detener la crisis.

Pero a veces el camino más corto no consiste en detener la emoción, sino en ayudar al niño a atravesarla de forma segura.

Y algunos días basta con una simple hoja de papel.