Malo, mi hijo de casi tres años, escuchaba sobre todo inglés en la guardería y francés en casa. Una tarde le pedí que repitiera una palabra aprendida durante el día.

Me miró y empezó una canción en francés. La que cantábamos haciendo navegar las manos como un pequeño barco.

Intenté volver a mi palabra inglesa. Malo empezó de nuevo la canción, más alto. Esperaba mi gesto.

Yo había previsto un pequeño repaso. Él me invitaba a cantar.

Había dado más valor a lo que venía de la guardería

Cuando Malo traía una palabra inglesa, la notaba enseguida. Preguntaba qué significaba, lo escuchaba repetirla y me parecía estupendo.

El francés de nuestras comidas, historias y canciones me parecía más corriente. Formaba parte del paisaje. Casi había acabado creyendo que los verdaderos aprendizajes ocurrían en otro lugar y que yo debía prolongarlos por la tarde.

Sin embargo, en aquella canción Malo esperaba su turno, retomaba una frase y me corregía cuando hacía el gesto demasiado pronto. Conocía muy bien aquella conversación.

No tenía que elegir cuál de sus lenguas merecía nuestra atención esa tarde. Podía seguir lo que quería compartir.

Mantener viva una lengua en los pequeños momentos

Me senté junto a él y empezamos de nuevo. Decidió que el barco iba muy rápido y después caía al agua. La canción tenía ahora un efecto sonoro que no aparecía en ninguna versión oficial.

En casa podemos contar una historia, hablar de lo que falta para cenar o inventar la continuación de una canción. Puedo usar las palabras que me salen naturalmente, dejar que responda con las suyas y continuar el intercambio.

Si introduce una palabra inglesa en una frase francesa, puedo entender qué quiere decir o preguntárselo. No necesito interrumpir cada mezcla para hacerle recitar correctamente la frase.

Eso no sustituye las conversaciones con el equipo de la guardería si surge alguna pregunta. Pero nuestro salón no necesita convertirse en una segunda aula.

Aquella tarde Malo cantó hasta el final. Después anunció la salida del barco con una palabra inglesa.

Entendí que había que mover las manos.

No habíamos repasado ninguna lista. Habíamos hablado mucho.