La prima de Iris acababa de marcharse. Mi hija de tres años y medio se había quedado en el banco de la entrada con el dibujo que habían hecho juntas.
Puse una voz ridícula para anunciar que sus calcetines reclamaban la cena. Normalmente, esa voz tenía cierto éxito.
Iris no se rio.
Cuando mi hija está triste, a veces busco el botón que devuelva la alegría. Aquella tarde había empezado a pulsarlo antes incluso de sentarme a su lado.
Una niña triste no siempre espera una distracción
Propuse mirar su libro favorito. Después recordé que volvería a ver a su prima. Era verdad, pero eso no la hacía regresar a la entrada.
«Quería que se quedara.»
Iris no pedía un programa mejor. Me decía lo que había perdido por aquella tarde: una presencia, un juego entre dos, la posibilidad de continuar.
No tenía motivos para alargar voluntariamente su pena. Pero podía dejar de presentar cada nueva propuesta como una salida que debía tomar enseguida.
Su falta de sonrisa me incomodaba. Lo notaba porque mis ideas llegaban cada vez más deprisa mientras ella se movía cada vez menos.
Al final me senté. Dije que le habría gustado pasar más tiempo con su prima. Dejó el dibujo entre las dos.
Consolar sin pedir que cambie la emoción
Podía ofrecer un abrazo y aceptar que no lo quisiera. También podía quedarme un momento sin hacer cinco preguntas sobre su tristeza.
«Ya la echas de menos. Puedo quedarme un rato contigo.»
«La cena estará lista pronto. Puedes traer vuestro dibujo al lado de tu plato.»
No necesitábamos esperar a que estuviera alegre para continuar la tarde. La comida podía llegar con una pequeña pena todavía presente. Eso no significaba que yo hubiera fallado al consolarla.
El humor tampoco estaba prohibido. Si recuperaba las ganas de reír, podía seguirla. Simplemente no tenía que conseguir esa risa como prueba de que mi respuesta había funcionado.
Al cabo de un rato, Iris pidió cinta adhesiva. Quería colgar el dibujo cerca de la puerta para enseñárselo a su prima cuando volviera.
Seguía queriendo que estuviera allí. También tenía una idea para conservar algo de su tarde.
Traje la cinta. Mis calcetines podían esperar antes de volver a hablar.
Para tenerlo a mano
La situación
¿Tu hija está triste y buscas enseguida hacerla reír?
Qué probar
Acompañar la tristeza de una niña pequeña sin intentar sustituirla inmediatamente por alegría: escuchar, ofrecer presencia y continuar con el día.
- «Cuéntame qué te resulta difícil.»
Conviene recordar: No existe una respuesta única para todas las familias.




