Gabriel, de tres años y medio, jugaba en casa de Marie, su mamá, con Inès, una pequeña vecina. Habían puesto sus bloques en la misma alfombra. Gabriel construía una torre. Inès alineaba los suyos como un tren. Apenas se hablaban.

Marie propuso un puente entre las dos construcciones. Ninguno de los niños respondió. Entonces intentó que compartieran: «Gabriel, podrías darle un bloque rojo a Inès».

Gabriel apretó su bloque. Inès giró su tren hacia el otro lado.

Marie quería ayudarlos a jugar juntos. Quizá ya estaban aprendiendo a estar juntos.

Jugar al lado no significa necesariamente ignorarse

Entre los niños pequeños, el encuentro no siempre se parece al juego colectivo que imaginan los adultos. Dos niños pueden observar los gestos del otro, elegir un objeto parecido, retomar una idea o simplemente tolerar una presencia muy cercana sin construir la misma historia.

Gabriel no había invitado a Inès a su torre. Sin embargo, cuando ella apiló dos bloques, él probó lo mismo. Inès miró cómo se caía la torre y después añadió un bloque debajo de su tren. Sus juegos seguían separados, pero se respondían con pequeños gestos.

Marie se apartó un poco. No había prohibido ofrecer un objeto ni recordar un límite si uno arrebataba el juguete del otro. Solo había dejado de convertir cada silencio en un problema que resolver.

Dejar espacio sin forzar el vínculo

El juego en paralelo no lo explica todo. Un niño que parece siempre aislado, en todos los lugares, o cuya comunicación preocupa puede necesitar una observación más amplia y, si hace falta, un consejo profesional. Pero una escena tranquila en una alfombra tampoco basta para concluir que no sabe jugar con los demás.

Podemos favorecer el encuentro con una propuesta ligera y después aceptar que no la aprovechen.

Una frase para probar«Podéis jugar cada uno por vuestro lado. Si os apetece unir vuestras construcciones, estoy aquí.»

Unos minutos más tarde, Gabriel hizo rodar un coche cerca del tren de Inès. Ella abrió un paso entre sus bloques. Nadie anunció que estaban jugando juntos.

Marie no necesitó poner nombre al encuentro para que empezara.

Para tenerlo a mano

La situación

Dos niños juegan uno junto al otro sin apenas interactuar y te preguntas si deberías hacer que jueguen juntos.

Qué probar

Observar lo que ya hacen, dejar abierta la posibilidad de encontrarse y no forzar un juego compartido.

  • «Podéis construir cada uno por vuestra cuenta.»
  • «Si queréis unir vuestros juegos, os puedo ayudar.»

Conviene recordar: El juego paralelo es habitual. Un aislamiento persistente en distintos contextos puede requerir una observación más amplia.