Llego cuando ya se han ido muchos padres. Recoger a tu hijo tarde de la guardería, o simplemente después que muchas otras familias, basta a veces para despertar una culpa extraña.

Encuentro a mi hijo y estoy contenta de verlo. Después miro la hora y mi cerebro empieza a comparar: ¿los demás han llegado antes? ¿Ha sido su día demasiado largo? ¿Podría haberme organizado de otra manera?

En unos segundos, la hora ocupa muchísimo espacio.

Cuando la hora de recogida parece una nota

Mi cerebro hace cálculos: los horarios, el trayecto, el trabajo que se alarga. Pero olvida algunos datos importantes, como las circunstancias de cada familia y las posibilidades reales de salir antes.

Sobre todo, llega muy deprisa a una conclusión: debería haberlo hecho mejor. No hay un cronómetro, claro. Pero la hora puede acabar pareciendo una nota.

Volver a la verdadera pregunta

Si los días parecen demasiado largos o difíciles para el niño, esa sí es una pregunta real que podemos mirar con el equipo de la guardería y en familia. Pero compararnos con padres de los que no conocemos ni las jornadas ni las posibilidades no ayuda mucho a responderla.

La hora de recogida dice a qué hora hemos llegado ese día. No cuenta ni todo el día de nuestro hijo ni la calidad de sus padres.

Mañana mi cerebro quizá vuelva a comparar horarios. Cuando ocurra, puedo recordarme: «El reloj da una hora, no una nota. Hago lo que puedo con las circunstancias de hoy.»